abril 21, 2026
Laura Lecuona: el feminismo que se niega a callar

Laura Lecuona: el feminismo que se niega a callar

En tiempos de consignas rápidas y cancelaciones instantáneas, Laura Lecuona camina en sentido contrario. Escritora, editora y traductora, ha decidido sostener un feminismo que no les debe nada a las modas ni a los hashtags rotativos. Sus convicciones nacen de la lectura crítica y del análisis de aquello que considera el corazón de la opresión histórica contra las mujeres: los roles sexistas que el patriarcado ha impuesto durante siglos y que, afirma, hoy se están reciclando bajo un vocabulario amable, colorido y políticamente seductor.

Su libro Cuando lo trans no es transgresor intenta iluminar ese territorio. Se publicó de manera independiente en 2023, después de que Siglo XXI Editores decidiera rescindir el contrato de edición tras una campaña de presión organizada por activistas de la identidad de género. Iba a ser presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No ocurrió. “Antes de que se publicara, se enteraron e hicieron todo lo posible por boicotear la presentación”, cuenta Lecuona. La editorial se retractó. Ella terminó sacando una edición de autora: “No le fue mal al libro, pero de ninguna manera pude llegar al público al que llega una editorial establecida”.

El libro viajó, sin embargo, más lejos de lo que sus detractores pensaban. Spinifex Press lo publicó en inglés y, más tarde, Lecuona halló un espacio en Deusto, sello de Planeta, que ya había editado otros títulos críticos del transgenerismo. La historia pareció repetirse: el libro figuraba en la página de Planeta México y desapareció tras una queja pública. “Un día unos activistas hicieron un berrinche y al otro día ya no estaba”.

Lo cuenta sin dramatizar, con la precisión de quien distingue los síntomas del problema. “Mi libro tiene ya una historia que ejemplifica a la perfección todo lo que denuncio en él”, dice. Cada intento de censura funciona, paradójicamente, como prueba de lo que digo.

La conversación con Montserrat Huerta, extensa y minuciosa, revela la estructura conceptual del libro y la experiencia de navegar un espacio donde la crítica a las estructuras sexistas se recibe como un peligro que debe ser eliminado.

Comenzamos por lo esencial: ¿cuál es el tema central del libro y qué la llevó a escribirlo?

“Hace unos años comenzó a hablarse de identidad de género, de derechos de las infancias trans, de la idea de que una persona puede tener una identidad que no corresponde a su sexo. Muchas feministas no pudimos aceptar estas afirmaciones sin un análisis profundo. El libro explica por qué estos postulados no son compatibles con el feminismo y por qué implican consecuencias graves para mujeres, niñas y niños”, responde Lecuona.

La autora insiste en algo que considera fundamental: la identidad de género no existe como categoría demostrable. “Se usa como sustituto de los roles sexistas de siempre. Supone que nacemos con estereotipos incorporados: mujeres para servir, gustar y abnegarse; hombres para dominar, ver pornografía y ejercer violencia. Esta idea esencializa el sexismo y hace imposible el proyecto feminista”.

Uno de los capítulos más actuales del libro aborda el tema de las llamadas “infancias trans”, que es lo que más le preocupa.

“La idea de que existen niñas y niños trans se ha convertido en una agenda política muy agresiva. No hablamos de simples expresiones de personalidad, sino de políticas que buscan permitir la falsificación del acta de nacimiento y el acceso de menores a bloqueadores de la pubertad y cirugías mutilantes. El problema no está en sus cuerpos. Está en lo que representa ser hombre o ser mujer en esta sociedad”.

Lecuona describe la pornificación del entorno, la violencia contra las mujeres, la sexualización temprana y la rigidez de los estereotipos. En ese contexto, añade, no sorprende que muchas niñas quieran escapar de la categoría “niña”. Lo sorprendente es que algunas quieran quedarse ahí.

Otra afirmación central de su libro es: “ser mujer no es un sentimiento”. ¿Cómo se sostiene una frase así en un debate donde la interioridad se ha vuelto argumento absoluto?

“Ser mujer no es un estado emocional. Es una realidad material con características concretas y experiencias comunes. No existe un sentimiento universal de ser mujer. Y ningún sentimiento convierte a un varón en mujer. Tampoco lo hace una cirugía. Estas prácticas solo buscan disimular características sexuales, no cambiarlas”.

A esta discusión se suma la noción del self-id, la autodeclaración como criterio absoluto de verdad. Le pregunto por qué considera que esta idea introduce un conflicto profundo.

“Si entra un señor con barba, pene y testículos y me dice ‘yo soy mujer’, estoy obligada a creerle y actuar en consecuencia. Las mujeres no son ausencia de pene. No hay ninguna operación que convierta un cuerpo masculino en femenino. A lo mucho, se consigue disimularlo tantito”.

Hacia el final de la entrevista llega una pregunta inevitable: ¿por qué el feminismo crítico ante la identidad de género es catalogado como discurso de odio?

“No se trata de un malentendido, sino de una estrategia. Esta ideología depende de impedir el debate, porque cuando se analiza con detenimiento, sus postulados se derrumban. Para evitar el escrutinio dicen que nuestras críticas constituyen discurso de odio. Así se busca silenciar cualquier objeción”.

La reacción emocional de algunas jóvenes feministas también aparece en la conversación. Lecuona observa cómo muchas de ellas comienzan a dudar de su propio juicio porque el activismo de la identidad de género exige adhesión absoluta. “Les dicen: eres mala si lees esto, eres mala si diste like, eres mala si dudas”. Ante ellas, ofrece un consejo: “Crean más en sí mismas. Si algo parece extraño o inconsistente, examínenlo. Las dudas merecen análisis, no censura”.

Lecuona no levanta la voz. Tampoco plantea provocaciones gratuitas. Su libro no busca incendiar, sino explicar. Ningún insulto, dice, puede sustituir un argumento sólido. Ninguna consigna reemplaza un análisis crítico. Ningún mandato de silencio puede impedir que la realidad siga ahí, inmune a cualquier juego de lenguaje que pretenda borrarla.

Así avanza esta conversación con una autora que, contra todo pronóstico, se ha negado a moverse de su lugar. Se juega mucho más que un debate pasajero. Se juega la posibilidad misma de pensar.

Bibliografía

Lecuona, L. (2025). Cuando lo trans no es transgresor. Mentiras y peligros de la identidad de género. Deusto.

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