Conciencia criolla

Conciencia criolla

Por Rocío Quintana


La conquista del Nuevo Mundo fue inmediata y España hizo de la suya una imposición de cultura sobre las que ya existían en América. De este suceso resultaron las nuevas clases sociales; además de los virreyes y clérigos que ya se conocían en Europa, aparecieron los criollos, los mestizos, los indígenas y esclavos. 

Como se ha visto a lo largo de la historia, los más favorecidos han ejercido hegemonía sobre los menos afortunados. Sin embargo, hubo una zona gris en la que algunos de clase media podían destacar y tener ciertos privilegios. Con los contactos adecuados o el apoyo de la Iglesia se podía salir adelante. Por ello, en este ensayo se persigue la idea de que durante el siglo XVII en la Nueva España comenzó a nacer un nuevo pensamiento a través de las circunstancias sociopolíticas de la colonia: la conciencia criolla. 

Desde los inicios de la conquista se narró todo lo que se veía y pasaba en el Nuevo Mundo. Con el paso del tiempo, fue menester en las colonias tener conocimiento. Las primeras personas letradas que llegaron fueron los misioneros, la mayoría llegaba directo a evangelizar y a convertir a la gente natal del continente. Algunos otros se tomaron su tiempo y crearon obras que luego trascenderían. Aunque el papel de los misioneros fue muy importante, esta vez nos concentraremos en los nuevos intelectuales, aquellos que por su categoría social y carga de nombre no podían aspirar a tener un papel importante: los criollos (Florescano, 1986).

Mientras que los recursos de la Nueva España eran explotados por sus mismos habitantes, y los españoles se encargaban por medio de la violencia que todo se llevara a cabo, la población que poco a poco emergía necesitaba educación. Aparecieron las primeras universidades y afortunadamente los criollos sí tenían acceso a ellas. Durante los primeros años el Nuevo Mundo era de armas, pero como se mencionó, poco a poco se fueron dejando de lado debido a que la conquista se consolidó rápidamente. Por lo tanto, las nuevas generaciones de la colonia sacaron provecho de las letras, pues eran un medio para poder ocuparse en un cargo noble; tener un oficio digno y prestigio (Gonzalbo, 1935). 

Entre las figuras más importantes nacidas en las escuelas de la Nueva España, se encuentra Carlos de Sigüenza y Góngora. Un hombre intelectual orientado en la ciencia: matemático, astrónomo e incluso arqueólogo. Pero también fue una figura letrada, conocedor de la gramática y la retórica. Él, junto con Sor Juana Inés de la Cruz, fueron los criollos que llevaban la batuta sobre el nuevo pensamiento. 

Mientras todo el reino de España estaba en plena decadencia y la Santa Inquisición intentaba por los medios posibles que todo siguiera como en la mejor época del reino, comenzó una revolución. Fue la época del humanismo, el cual entraba por grandes autores que visitaban el Nuevo Mundo mediante la aparición de las universidades (Anderson, 1970). Eran meticulosos en cuanto a sus acciones. Si bien aceptaban públicamente una fe, en su día a día obraban como si no tuvieran creencia alguna. De esta manera tenían asegurado su bienestar, por un lado; y por el otro, desarrollaban lentamente, sin alarmar, sus conocimientos. En este sentido, la educación propició los primeros dejes de cultura hispana. Por medio de los estudios de los colegios se fue creando un gusto general, la poesía fue uno de ellos; incluso se hacían certámenes y tenían mucha afluencia (Gonzalbo, 1935). 

De esta misma manera se desarrollaron otro tipo de eventos que influyeron en el nuevo pensamiento. A través de relatos, fábulas y demás conceptos se escondía un deje de razón que, afortunadamente, se pudo descifrar por los autores ya mencionados. Por otro lado, la sátira fue una manera muy directa en la que se expresaban inconformidades (Gómez, 1968). Versos de protesta se hacían oír en las calles de la Nueva España, y en obras como las de Sor Juana, se encontraban algunas veces escondidos, y en otras como en sus epigramas, muy latentes.

Un problema que azotó particularmente a la mujer durante el barroco fue la poca educación que podía recibir. En México, tiempo después de los colegios, se abrieron las escuelas de amiga. En estas instituciones se les enseñaba a las mujeres disciplina y labores del hogar, además de catecismo. Comúnmente, quienes impartían las clases eran monjas, mujeres mayores y viudas. Juana de Asbaje fue parte de estas mujeres a las que no se les permitía el acceso al conocimiento extenso; su sed de saber la llevó a enclaustrarse, después de haber estado en la corte de la virreina. Debido a sus ambiciones leyó todo lo que le estaba disponible. 

Como manifiesto de su conciencia criolla vemos la loa para el Auto Sacramental de El Divino Narciso, donde fusiona tres culturas, a la religiosa europea le añade la mitología grecolatina, la cual era aceptada y conocida por todos; de esta manera, funde la tercera cultura: la prehispánica. Y en cierto sentido nos hace ver que la cultura prehispánica era un ancestro (Pascual, 1994); lo que confirma que ya tenía razón de que esa historia de conquista, y años precedentes a ello, eran raíces de esa generación y de las que estaban por venir. 

La llamada contraconquista la hacen los criollos. Zea (1982) alude a este mismo tema con el nombre de “reconquista”. Nuevamente, estos personajes despiertan alertas sobre su entorno. Miran que la sociedad no les favorece y se les condena por el peso de su nombre. Se dan cuenta de que en el momento de la conquista, como de hecho ilustra Sor Juana en la loa para El Divino Narciso, los nativos de América se convirtieron en un instrumento, un objeto. La reconquista que hacen estos personajes con la conciencia criolla es hacerse sujetos otra vez. Todo lo que había en el Nuevo Mundo fue un objeto, y como estas personas fueron nacidas en las colonias, no podían ser una persona “completa” como lo eran los peninsulares. A esto se refiere la conciencia criolla. Se abre una nueva perspectiva, una nueva posibilidad, pero no se exclama estridentemente que está sucediendo.

Retomemos a Lezama Lima (1993) cuando dice que la América se siente insatisfecha, defectuosa y en busca de raíces en lo autóctono como confusión de identidad del “qué eran”. Hasta ahora se ha dicho que Sor Juana introduce en su loa esta tercera cultura y la hace suya; pero no olvidemos que no reniega de las otras. Entonces lo que resulta es una hibridación. De hecho, como Lezama dice, el señor barroco no rechaza, disfruta del paisaje y es amigo de la ilustración.

Mientras que España seguía encerrando y cuidando sus fronteras de los turcos, los navíos comerciantes también traían los textos prohibidos. Y así como llegaban por debajo de la mesa, se leían. Entre sus lectores se encontraban Sor Juana y Carlos de Sigüenza. Ella lo manifiesta en Primero Sueño: su tema busca el dominio de la conciencia y el conocimiento, pero aunque entra en él, se ve vencida y termina su obra; dentro de sus versos manifiesta este otro tipo de saber, uno que está más allá de lo que pudiera haber leído en el canon y al que ella tenía acceso. Por otro lado, miremos que la obra de Carlos de Sigüenza, el Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos, también dice entre sus líneas que había mucho de la nueva razón, pues llevaba la contraria a sus contemporáneos: quienes decían que los cometas eran un símbolo de desastre.

Es importante señalar que en ese tiempo la Nueva España aunque seguía siendo explotada en sus recursos, era vista como bárbara e ignorante. Por eso no sólo se abrieron los colegios y universidades, también las bibliotecas, pero estas no eran tan útiles pues tenían que cumplir con el canon permitido. Y obviamente el acceso era limitado, pues la mayoría de los libros estaban en latín (Pascual, 1986).

A causa de esto también entra en disputa el asombro que se tuvo, pues el que se descubrieran grandes cosas en el Nuevo Mundo era apantallante. Hegel menciona que nuestra América ni siquiera entraba en la historia universal porque éramos como “niños” irracionales, que para tomarnos en cuenta había que esperar mucho tiempo. Frente a esta declaración, Lezama le responde que la razón y el espíritu aquí sí se desarrollaban. De hecho, ejemplifica cómo los cronistas de la conquista escribían motivados por ese mismo paisaje y naturaleza (Lezama, 1993).

Si nos vamos por este lado, podemos respaldar que América sí pudo estar al nivel de España y de Europa, donde el barroco fue una contraposición de colores y en cierto sentido, de auras. Pero en América, el barroco fue una contraposición de ideologías y culturas. Mientras veían lo que España les dejaba también notaban lo que el mundo prehispánico les aportaba. Resultado de esto fue que quisieran comprender estos contrastes. De este hecho fue la sed de razón basada en las postulaciones de los rebeldes de aquel entonces, siendo René Descartes uno de ellos. Sin estas postulaciones que desafiaban y rompían con lo que era considerado la lógica de aquel entonces, los criollos no hubiesen perseguido esa luz que les decía “aquí hay algo más”. 

Además de esas nuevas teorías es importante ver que los criollos vivieron en un periodo que por un lado les negaba avanzar y por el otro, los tenía abandonados, lo cual les daba más rienda para aventurarse a descubrirse. España defendía su reino de ataques y descuidaba en cierto grado lo que podía o no pasar en sus colonias, por este hecho fue que autores, como los que se han mencionado, se lograron. El descuido por parte del colonizador fue la llave que abrió el cerrojo de la conciencia criolla. 

Es que la Nueva España y en sí todo el Nuevo Mundo, fue una tierra que no podía rechazar lo que se le había brindado, pero tampoco era quién para olvidar todo lo que en ella ya había ocurrido. América es un contraste latente, es esperanza y es desconsuelo. Lo que sucedió al momento de la conquista fue un “quita y dale” como se dice coloquialmente. Dos civilizaciones encontradas, una se superpone sobre la otra, pero las dos pierden y ganan rasgos (Vasconcelos, 2010).

En resumen, la conciencia criolla nace en este periodo del barroco. Sor Juana y Carlos de Sigüenza son quienes ondean este estandarte y hacen de estas dos culturas que se enfrentaron un puente, permitiendo una coexistencia. A la vez fueron dos mentes que por su capacidad pudieron criticar y desafiar. Sabían cuál era su posición en la escala, pero salieron triunfantes al darse cuenta de que esa zona grisácea en la que se encontraban era debido a la existencia de un temor y repugnancia dirigidos a su persona, por lo que su pasado significaba. Lo que hicieron fue aceptar ese pasado y ponerlo a la misma altura de sus raíces españolas, de esta manera nace la conciencia criolla.


Referencias

Anderson, E. (1970). Historia de la literatura hispanoamericana, I. La Colonia. Cien años de República. Fondo de Cultura Económica.

Gonzalbo, P. (1935). Historia de la educación en la época colonial: la educación de los criollos y la vida urbana. El Colegio de México. 

Gómez, G. (1968). Historia Crítica de la Literatura Hispanoamericana. Holt, Rinehart and Winston. 

Florescano, E. (1 de julio de 1986). Ser criollo en la Nueva España. Nexos. https://www.nexos.com.mx/?p=4638.

Lezama, L. (1993). La expresión Americana. Fondo de Cultura Económica. 

Pascual, J. (Ed.). (1994). La literatura novohispana: Revisión crítica y propuestas metodológicas. UNAM. 

Vasconcelos, J. (2010). La otra raza cósmica. Almadía. 

Zea, L. (Ed.). (1982). El descubrimiento de América y su sentido actual. Fondo de Cultura Económica.


Rocío Quintana

Nació en julio de 1999. Es egresada de la Universidad Autónoma de Baja California en la licenciatura Lengua y Literatura de Hispanoamérica. Actualmente, como muchos otros, espera a que la pandemia cese. Mientras tanto intenta culminar los proyectos literarios en los que lleva años trabajando. Además, se enfoca en escribir cuentos y ensayos para su difusión digital en distintos medios de comunicación.


La Lengua de Sor Juana es una revista bimestral del Centro de Posgrado y Estudios Sor Juana ©. Av. Las Palmas 4394, Las Palmas, 22106 Tijuana.

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