¿La Malinche, Malinalli, Malintzin o doña Marina?: La mujer detrás del mito Malintzin. Foto por Getty Images

¿La Malinche, Malinalli, Malintzin o doña Marina?: La mujer detrás del mito

Por Gratzia Villarroel & Judy Cervantes


Malinalli, también conocida como Doña Marina, Malintzin y la Malinche1, se cree que nació en Oluta cerca de Coatzacoalcos, la antigua capital Olmeca situada al sureste del Imperio Azteca, actualmente Veracruz, México. La académica Camilla Townsend (2019) señala con respaldo de fuentes históricas que nació alrededor del año 1500 y que perteneció a una familia de linaje noble. Además, comenta que tras la batalla de Centla, la Malinche fue una de veinte mujeres esclavas dada como tributo a los españoles por parte de los indígenas de Tabasco. Sin embargo, lo que la mayoría de la cultura hispanoamericana conoce de ella no es su origen o realidad histórica sino más bien su traición cultural y racial. A continuación, se discutirá su representación histórica y se analizará su memoria colectiva y cultural para así examinar la identidad del ser latinoamericano a lo largo de los siglos posteriores a la conquista. Además, se propondrá una re-examinación y reivindicación de la Malinche a través de un análisis comparativo que estudia nuevas interpretaciones de su figura en relación con su contexto histórico. 

La Malinche fue una figura clave en la conquista de México, a lo largo de su vida desempeñó distintas funciones: sirvió de intérprete entre los españoles y los indígenas, consejera política e intermediaria, además fue compañera de Hernán Cortés y madre de Martín Cortés, al cual se le reconoce simbólicamente como el primer mestizo de América Latina. Sus habilidades lingüísticas y su astucia la llevaron a ser una de las personas más importantes al inicio del periodo colonial. Sin embargo, no existen fuentes primarias de la Malinche y cómo su figura se ha representado de diversas formas a través de fuentes secundarias. En Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1795), Bernal Díaz del Castillo revela que el padre y la madre de la Malinche eran señores y caciques de un pueblo llamado Painala, por lo tanto, la familia gozaba de un alto estatus social (p.155). Igualmente, comenta que el padre murió cuando era niña y la madre se volvió a casar con otro cacique con el cual tuvo un hijo varón. Otras fuentes señalan que alrededor de este tiempo fue dada por la madre a un grupo de comerciantes que la esclavizaron y la vendieron (Jager, 2015). Es así que eventualmente llega a ser cedida al cacique Maya de Tabasco. En aquel entonces, las esclavas tenían principalmente dos funciones: llevar a cabo las labores manuales y desempeñar servicios sexuales (Cypess, 1991). Por lo tanto, la relación de la Malinche con las figuras masculinas fue delimitada por la desigualdad de poder y libertad. Es dentro de tal contexto social que un reciente análisis psicoanalítico revela una perspectiva humanista de la Malinche. Estudios contemporáneos ilustran la forma en que sus múltiples roles se conformaron a su tiempo, género, raza y estatus social.  

A principios del siglo XVI, el cacique de Tabasco le otorgó a Cortés a la Malinche junto con otras diecinueve mujeres, además de innumerables piezas de oro y otros objetos de valor. Dicho tributo pretendía evitar la invasión y la guerra de los españoles en el pueblo de Tabasco. Empero, las ofrendas de paz no saciarían el ímpetu de los colonizadores por explotar las tierras y su gente. Sería el inicio de un largo proyecto de colonización cuyo proceso incluía la conversión de las comunidades indígenas al catolicismo. Bajo Cortés, Malinalli fue bautizada con el nombre de Marina y obsequiada a Alonso Hernández Portocarrero, primo del conde de Medellín (Díaz del Castillo, 1975). No obstante, con la partida de Portocarrero a España como emisario de Cortés hacia Carlos V, la Malinche se quedó bajo el mando de Cortés. Su inteligencia, astucia y habilidades de políglota la destacaron entre las otras mujeres y desde entonces sirvió al lado del español en múltiples empresas. Por medio de sus travesías, la joven indígena había aprendido el lenguaje náhuatl, el maya y posteriormente el castellano. Por su diplomacia, Bernal Díaz y otros se referían a ella con el honorífico título de doña Marina. Sin embargo, para Cortés ella era simplemente Marina o “la lengua”, una extensión de su persona. Por otra parte, para las comunidades indígenas, la presencia de la Malinche precedía a la de Cortés. Es así que ella predominaba en los encuentros y negociaciones tomando un papel primordial, pues no sólo traducía, sino que proyectaba su propia voz y razonamiento. Tal era su agencia que las tribus indígenas utilizaban el nombre de la Malinche para referirse a Cortés. De manera que por primera vez era el varón quien tomaba el nombre de la mujer (Cypess, 1991).  

Aunque gozó de gran reconocimiento durante la colonización, su nombre y su memoria fueron evolucionando a lo largo de los siglos. Después de la Independencia de México, se entabla un discurso nacionalista en el cual se repudia lo extranjero y se revaloriza lo autóctono. Hay un renacido orgullo por lo propio y un retorno a la memoria histórica que tiene sus raíces en el periodo colonial. En esta época la figura de la Malinche se carga de resentimiento y culpabilidad por las batallas perdidas. El peso de las derrotas recae sobre sus hombros y su personaje se reinterpreta como la vendida. Por otra parte, el proyecto de Nation-building prospera con la rearticulación de historias y la invención de enemigos de la nación. Dentro de tal contexto, la Malinche encaja perfectamente en la dicotomía de villana por su traición a la patria. Las guerras perdidas se le atribuyen a su traición racial y cultural debido a su unión con los españoles durante la colonización. Con la nueva República Mexicana, tal discurso desempeña el propósito de unir a los nacionalistas mexicanos en la creación de una nueva república nacional. Es así que a principios del siglo XIX su memoria sirve para avanzar los ideales políticos del estado que dan inicio a la formación de una nueva nación. 

Nuevamente, con la Revolución Mexicana el país vuelve a repensar y renovar discursos sobre la identidad del ser mexicano. El periodo del conflicto armado marca una transición a la democracia y una reestructuración del orden social, político y económico. Tanto los políticos como los intelectuales replantean lo que significa ser mexicano. Se expone la prolongación del conflicto interno de identidad en el cual se resiente la colonización del padre español y la conquista de la madre indígena. En el Laberinto de la soledad (1997), Octavio Paz reexamina la figura de la Malinche para interpretarla como la chingada por su condición de pasiva ante el hombre colonizador. La Malinche personifica la vulnerabilidad de las mujeres indígenas abiertas a la penetración tanto corporal como terrenal del hombre español. Ella es la madre que sacrifica a los hijos ante el padre extranjero. Por consiguiente, falla en proteger a sus progenitores de la violencia y fuerza colonial. Paz examina la psicología detrás de la expresión ‘¡Viva México, hijos de la chingada!’ en la cual se transmite una tensión por los sentimientos encontrados. Por un lado, la exclamación es un orgulloso llamado a la unión colectiva de los mexicanos; mientras que por otra parte, se resalta el rencor por la condición de hijos de una madre indeterminada y vaga. Revela la compleja dinámica familiar con la figura de la madre mítica y su relevancia con la historia colonial y postcolonial. 

Es evidente que posteriormente a la Guerra de la Independencia y la Revolución Mexicana, se fortalece un nacionalismo colectivo en el cual el “otro” se encarna a través de figuras catalogadas de antipatriotas. El historiador Rodrigue Lévesque (2007) discute las connotaciones del término “Malinchismo” utilizado para referirse a los mexicanos que prefieren lo extranjero ante lo propio. El ser malinchista expresa un desdén ante lo nativo y atribuye una superioridad ante lo foráneo, situándose lo ajeno como el modelo ideal para la imitación. El término es utilizado con un sentido peyorativo en el cual se resalta una conexión con la traición nacional de la Malinche. Después de la Independencia, liderada principalmente por los criollos, su figura se recuerda con infamia por su injuria al honor, patriotismo y orgullo nacional. El Malinchismo ostenta el rencor de los nuevos nacionalistas mexicanos ante el orden colonial impuesto por los españoles, a la vez que un encono por el rol de los indígenas en el mestizaje. Tal sentimiento revela una crisis de identidad a partir del colonialismo y una continua búsqueda interna del ser mexicano.    

Aun después de la Independencia y la Revolución Mexicana, las estructuras coloniales en Latinoamérica no cambiarían de forma significativa hasta la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI. Estos cambios se representan en las nuevas interpretaciones de la Malinche, en las cuales su figura se convierte en el eje central de la narrativa. Su representación es más compleja y detallada, sobrepasando modelos simplistas que siguen la dicotomía de santa o villana. La memoria cultural de la Malinche revela una nueva reflexión crítica de la historia y la sociedad de acuerdo a su época. La transformación de su imagen incorpora en el discurso nacional distintas voces como las de artistas indígenas. El pintor indígena Desiderio Hernández Xochitiotzin fue miembro del grupo de muralistas mexicanos que dedicaron cuatro décadas a la producción artística de murales en la plaza municipal de Tlaxcala. Los murales exhiben la alianza de los tlaxcaltecas con los españoles durante la conquista. Sin embargo, los tlaxcaltecas no se representan como traidores por su alianza con los españoles. Por lo contrario, figuran con agencia al situarse al mismo nivel que ellos. Por su parte, la Malinche aparece en el centro del encuentro entre los tlaxcaltecas y los españoles, desempeñando un rol importante en el convenio. Es la única figura mirando directamente al espectador con la frente en alto. 

Negociaciones entre españoles y tlaxcaltecas por Desiderio Hernández Xochitiotzin

Más recientemente, intelectuales mexicanos han participado en la inclusión de diversas interpretaciones sobre la Malinche. Los académicos ofrecen un análisis crítico que entra en diálogo con las ramas de la sociología y la psicología en relación con la historia. A través de un psicoanálisis de la Malinche como figura histórica y mítica, se postulan reinterpretaciones contemporáneas en las cuales su memoria se reivindica de la historia. Los eruditos examinan las construcciones sociales de su época para recontextualizar su realidad social. De tal forma, su memoria se rescata del pasado para ser reinterpretada como sobreviviente de la conquista y su tiempo. Dentro de sus circunstancias sociales, se convierte en una víctima tanto de las estructuras de la sociedad azteca como de la imposición de los colonizadores españoles. Su suerte se reduce a los deseos de otros, e históricamente, se reconoce que su vida ha sido narrada desde una perspectiva ajena. Por lo tanto, los pensadores contemporáneos proponen un análisis en el cual se busca centralizar su punto de vista. Entre los académicos más recientes, se destacan las escritoras feministas mexicanas que proponen una explícita rearticulación de su memoria histórica y cultural. 

Rosario Castellanos y Margo Glantz, entre otras autoras, reivindican la figura de la Malinche por medio de una reinterpretación de su figura dentro de su contexto histórico. Ambas académicas reconsideran su condición de esclava para así evaluar la extensión de su libre albedrío. Sus narrativas cuestionan las acusaciones de traición a causa de una unión personal y política con Cortés. Dentro de tal contexto, las acciones de la Malinche se transforman en un mecanismo de supervivencia. Tales estudios ofrecen nuevas interpretaciones de su memoria histórica y cultural tanto en la literatura como dentro de un discurso nacional. De modo que, la voz masculina y eurocéntrica que anteriormente predominaba en discursos orales y obras literarias se rearticula para dar espacio a una perspectiva feminista mexicana.      

En el caso de Castellanos, la poesía sirve como vehículo para reexaminar el rol de la sexualidad, el género y la desigualdad en México desde el periodo colonial. Rosario le da una voz al cuerpo silenciado de la Malinche para así problematizar discursos e ideologías previas. Una recontextualización de su historia permite nuevas interpretaciones que incorporan estudios del psicoanálisis. De tal forma, expone la dinámica social y familiar en la cual ella es víctima del abandono familiar y cultural. En tal análisis se resalta una condena tanto física como espiritual, ya que socialmente es marginada y privada de su libertad. Por medio de un estudio psicoanalítico, es posible deducir que las pérdidas tanto familiares como sociales y materiales influenciaron su destino. El poema “Malinche” de Castellanos (1998) refleja la tormentosa realidad de un pasado que aflige el presente y el futuro: “Yo avanzo hacia el destino entre cadenas / y dejo atrás lo que todavía escucho: / los fúnebres rumores con los que se me entierra” (p.186). Su destino está marcado por las cadenas físicas y simbólicas que la privan de una libertad corporal y psicológica. 

Similarmente, Glantz analiza en sus obras la temática del colonialismo en Latinoamérica y en específico ofrece un estudio crítico de varias figuras femeninas a lo largo de la historia. Al reexaminar a la Malinche, Margo denota que sus representaciones históricas han sido articuladas para apoyar intereses coloniales. A través de la literatura, propone crear espacios para la narración de voces anteriormente silenciadas y convertir así a las figuras marginales en seres centrales. En “Las hijas de la Malinche” (1992), la autora revela que el proliferado surgimiento de literatura feminista responde al crecimiento de nuevas formas de pensamiento en sociedades contemporáneas. De tal manera, las revisiones a su memoria histórica manifiestan un rechazo del orden colonial que continúa aún en el periodo postcolonial en el cual, coexisten ideologías eurocéntricas de género y raza. A finales del siglo XX y principios del siglo XXI se entabla una crítica de las estructuras coloniales que permean en el pensamiento latinoamericano y se plantea un renovado proyecto de descolonización en la política, economía y cultura. En particular, a través de una descolonización cultural se propone una revisión de las artes visuales, auditivas y escritas. En tal empresa, Glantz revela un avance social con cambios progresistas al detectar y revertir prácticas institucionales y culturales regidas por un eurocentrismo. Encuentra que la Malinche, al igual que otras figuras femeninas mexicanas, representa una amenaza al sistema a través de su voz y sus acciones que son interpretadas como subversivas. 

La figura de la Malinche ha evolucionado a lo largo de las últimas décadas, revelando la presencia de una memoria histórica y cultural definida principalmente por una perspectiva eurocéntrica y masculina. Sin embargo, en los últimos años se ha presenciado un surgimiento de producción cultural que muestra cambios progresistas y humanistas en su memoria. Actualmente, su memoria cultural se patentiza a través de nuevas producciones artísticas en las cuales la voz de la Malinche se centraliza. El proliferado auge de producciones culturales incluye a figuras femeninas e indígenas anteriormente excluidas dentro de discursos dominantes. Dichas voces cuestionan estructuras e ideologías eurocéntricas y proponen nuevas formas de estudiar y repensar el pasado a través de la inclusión de figuras históricamente marginadas. De tal manera, la complejidad de su persona problematiza su categorización dentro del modelo binario de villana o heroína. Es así que las narrativas contemporáneas reivindican su memoria a través de un análisis más completo que permite interpretaciones dentro del humanismo, el psicoanálisis y el feminismo. Las múltiples interpretaciones de la Malinche en las últimas décadas revelan una larga evolución de su memoria histórica y cultural. Por lo tanto, las fluidas representaciones de su figura a lo largo de la historia muestran profundos sentimientos nacionales y culturales dentro de una debida época y sociedad. Por ejemplo, después de la Guerra de la Independencia se manifiestan sentimientos encontrados de identidad por la colonización española y el mestizaje. Igualmente, en la Revolución Mexicana se encarna un nacionalismo en el imaginario colectivo y se avillana al ‘otro’. Recientemente, movimientos feministas mexicanos han expuesto de forma más pública los abusos de derechos humanos y priorizado las luchas por la igualdad de género y raza. 

 A través de la historia, la memoria de la Malinche ha evolucionado y encarnado distintas ideologías. Su figura ha encapsulado el trauma de la violenta colonización, las sangrientas guerras por la Independencia y la Revolución, y actualmente los movimientos por la justicia social. Sin duda alguna, las representaciones de la Malinche continuarán evolucionando en los años por venir y su memoria cultural seguirá reflejando profundos sentimientos nacionales en los cuales se arraigan dolorosos traumas y conflictos de identidad.


Notas

1 El nombre de la Malinche será utilizado por su extensa relevancia cultural en México. 


Imagen

Adaptado de Negociaciones entre españoles y tlaxcaltecas [Fotografía], por Desiderio Hernández Xochitiotzin, 2020, El Gobierno de México (https://www.gob.mx/cultura/articulos/murales-del-palacio-de-gobierno-de-tlaxcala-codices-modernos-de-la-historia-tlaxcalteca?idiom=es).


Bibliografía

Castellanos, R. (1998). Obras II. Poesía, teatro y ensayo. Fondo de Cultura Económica.

Cypess, S. (1991). La Malinche in Mexican literature: From history to myth. University of Texas Press. 

Díaz del Castillo, B. (1795). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Benito Cano.

Glantz, M. (1992). Las hijas de la Malinche. www.jstor.org/stable/42625656.

Jager, R. (2015). Malinche, Pocahontas, And SACAGAWEA: Indian Women as Cultural Intermediaries and National Symbols. University of Oklahoma Press.

Lévesque, R. (2007). La Malinche: The Mistress of Hernan Cortés: from Slave to Goddess: a True Story Based on Historical Documents with 90 Illustrations. Lévesque Publications.

Paz, O. (1997). El laberinto de la soledad. Penguin Books.

Townsend, C. (2019). Fifth Sun: A New History of the Aztecs. Oxford University Press.


Judy Cervantes

Es doctora en Estudios Hispánicos con especialidad en Estudios de Trauma, Memoria y Violencia en Latinoamérica, maestra en Lengua y Literatura de Hispanoamérica y licenciada en Español y Sociología con un énfasis en Leyes y Sociedad por la Universidad de California, Riverside. Actualmente es profesora asistente de Lengua y Literatura de Hispanoamérica en St. Norbert College en Wisconsin. 


La Lengua de Sor Juana es una revista bimestral del Centro de Posgrado y Estudios Sor Juana ©. Av. Las Palmas 4394, Las Palmas, 22106 Tijuana.

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